La noticia se esparció en los días siguientes como una corriente que avanzaba sin descanso entre campamentos improvisados, aldeas reconstruidas y refugios levantados sobre restos de antiguas murallas. Cada viajero que llegaba desde el sur o desde las zonas boscosas traía en la mirada un destello incrédulo. Los sobrevivientes repetían la misma frase con un tono que oscilaba entre la esperanza y la cautela: el rey Horus había regresado y la reina Heres, en realidad Hespéride Rhiainfellt, antigua Luna del imperio, era su actual soberana y esposa legítima.
Ese mensaje provocó un cambio perceptible. El ambiente que había permanecido cargado de agotamiento se transformó en un murmullo creciente. Algunos se llevaban las manos al pecho, incapaces de procesar que el heredero todavía vivía. Otros susurraban el nombre de Hespéride con una mezcla de temor y respeto, recordando historias antiguas sobre la bruja púrpura que durante siglos había caminado entre sombras, salvando o destruyendo según s