Horus y Hespéride se miraron en medio del caos ardiente del campo de batalla, con los cuerpos caídos alrededor, con la tierra aún temblando por la furia del titán, con el aire vibrando entre escarcha, fuego, oscuridad y rayos. Sus miradas se encontraron en un punto suspendido entre la fatiga y la determinación, entre el dolor sufrido y la promesa final. Él respiraba con dificultad, con sangre seca en los labios y el pecho subiendo y bajando con un esfuerzo que apenas podía sostener, pero en sus