El fuego que aún crepitaba alrededor de Atlas iluminó su rostro con un fulgor anaranjado que no logró ocultar la conmoción que lo atravesó. El emperador, aquel coloso que jamás había permitido que la sorpresa lo quebrara, quedó inmóvil cuando vio la transformación completa de la bruja encapuchada. El cabello púrpura ondeando como llamas invertidas; los ojos violetas que parecían contener épocas enteras; las marcas místicas recorriendo su piel como constelaciones vivientes.
Su mente, acostumbrad