La espada de oscuridad estaba a un suspiro de abrirse paso por el cuello de Leighis cuando un estruendo profundo recorrió la tierra. Atlas dio un paso adelante, incapaz de contenerse. Las venas del cuello se le marcaron con furia y su voz retumbó con una fuerza que pareció quebrar la noche entera. Horus respondió al mismo tiempo que él. Fue un instante que nadie pudo anticipar: el emperador y el príncipe exiliado irrumpieron en el mismo segundo, uno con fuego que brotó desde el suelo y otro con