En la periferia, los oficiales trabajaron en lo que quedaba por afinar. Cirania, con la capa carmesí pegada al hombro por la humedad, examinó los planos extendidos sobre una mesa de alerce; marcó rutas, midió distancias con el pulso de quien conocía el terreno y la eficacia de los contingentes. A su lado, un capitán de nombres cortos se inclinó, señaló puntos donde la pradera se ceñía en estrechos y pronunció órdenes que cayeron en el aire como piedras.
—Concentrad a la caballería en el flanco