El hielo respondía a cada gesto de Horus como si fuese un reflejo de su alma; lanzas cristalinas emergían del suelo, estacas de escarcha se abrían paso en el aire, cuchillas heladas cortaban carne y hueso. Cada enemigo que intentaba acercarse era atravesado por la pureza gélida de su poder. Pero con cada conjuro, con cada movimiento, sentía cómo el veneno comenzaba a reclamar su cuerpo.
El sudor frío corría por su frente, y sus párpados se volvían pesados, como si quisiera dormir en medio del c