Capítulo 8. Medusa (parte 2)
Mis mejillas se calientan un poco más. Estoy hirviendo de ansias, pero también de vergüenza, sí. Porque quiero sentir lo que esa mujer. Porque me da curiosidad saber qué sigue desde aquí y cómo es posible que alguien entregue su libre albedrío de esta forma tan... tan... ¿degradante?
Sus dedos se mueven entre mis pechos. Pellizca la piel alrededor de mis pezones, pero no los toca directamente, y ¡carajo!, qué molestia.
—¿Así lo imaginabas? —pregunto y yo gruño de rabia—. ¿Piensas que es así de s