Mundo ficciónIniciar sesiónLuna Walsh es una joven universitaria que trata salir adelante prácticamente sola, puesto que su madre está enferma y no es mucho lo que le queda de vida producto de un cáncer fulminante. Pero para ella no es todo tan malo si tiene a su novio a su lado. Sin embargo, todo se le pone cuesta arriba cuando su novio la deja, su madre muere y está a punto de perder la casa que su madre hipotecó para pagar sus estudios. Sola, sin tener a nadie a quien recurrir, se topa con el anuncio en un diario electrónico que le llama la atención y decide que para no perder su único bien, está dispuesta a todo. Así es como conoce a Jack Gosling, un importante empresario del país, quien busca una mujer que alquile su vientre para tener un heredero a través de inseminación artificial, porque las relaciones no son lo suyo. Arisco, frío, calculador y hasta cruel, se encontrará con Luna, quien es todo lo opuesto, a pesar de las cosas que le suceden. Querrá protegerla y apoyarla en todo, con tal de que le dé a su heredero… hasta que una verdad sale a la luz y ahora querrá poseerla por razones muy diferentes. ¿Logrará su cometido al tiempo que cobra venganza y se enamora de una mujer opuesta a él?
Leer másDamino intento mantener su mirada firme en el anciano que tenia delante suyo, aunque las palabras que le acababa de escupir sin lugar a dudas lo estaban aniquilando. Lo peor de todo, es que esa noche habia luna llena. ¿Por qué demonios no escogieron otra noche para darle aquella terrible noticia?
Toda su vida el habia deseado una sola cosa, un único propósito, casarse por amor una vez que encontrara a su luna… su compañera. Pero a la vida le gustaba jugar malas pasadas y reírse en la cara de los soñadores.
—¿Entiendes lo que digo, Damino?—volvió a hablar el anciano con severa autoridad—. Necesitamos que te cases, y la princesa del clan enemigo es la mejor opción para eso.
Damino apreto los dientes con rabia, dejandolos a punto de estallar, mientras luchaba por contener al lobo que aullaba desenfrenado en su interior. Sin lugar a dudas esa iba a ser una noche muy larga.
Desde la muerte de su padre, hacia casi dos años, el se habia convertido en el Alfa mas joven de una manada a sus veinticinco años… ahora, dos años después, la muerte de su padre le seguía pareciento brutalmente dolorosa.
Según muchos decían, el habia muerto por un ataque humano durante la luna llena, aunque todos sabían perfectamente que los humanos jamás podrían haber acabado con su vida. Damino, muy lejos de aceptar aquella mentira, seguía sosteniendo una única teoría. El habia sido asesinado por la manada enemiga… la misma con la que ahora lo querían unir.
Ante el recuerdo de ese hecho, el príncipe licántropo no pudo contener mas la rabia que hacia hervir la sangre en sus venas y escupio:
—No pienso casarme con una princesa en cuyas manos corre la sangre de mi padre—la mirada dorada de Damino era abrasadora y brutalmente intensa.
A otros, a cualquier otra persona en el mundo, el tono y la mirada cargada de odio del príncipe lo habría enviado corriendo de regreso a casa. Pero no a ese anciano, curtido en el fuego de la guerra y el combate. Ante los ojos del anciano, el príncipe no era mas que un niño caprichoso haciendo una rabieta… y el, sin lugar a dudas, no toleraba las rabietas.
—Mas te vale comportarte, muchachito desagradecido… lo tienes todo, una corona en tu cabeza y una manada fuerte y fiel, pero eso no durara mucho una vez que mueras sin dejar un heredero—gruño el anciano, con un tono demandante, haciendo que los hombres allí se inclinaran levemente hacia atrás, sorprendidos y temerosos.
Pero Damino no dejaría el brazo a torcer. El se incorporo, dejando a relucir sus brazos tatuados con los símbolos de su manada, símbolos de honor y grandeza, los cuales solo lograban realzarse en contraste con su piel besada por el sol y su cabello tan oscuro como una noche sin estrellas.
—¿Y si me niego a concebir un heredero natural?—ronroneo el príncipe, desfiando a las máximas figuras de autoridad, aquel circulo de antiguos Alfas—. Se sabe, en la historia de las tribus, que muchos Alfas heredan su corona a otros miembros de la tribu que demuestren fuerza y fortaleza. Planeo hacer lo mismo.
La idea de tener un hijo con una mujer que no fuera su compañera… le parecía atroz, simplemente espeluznantemente horrorozo. Una parte dentro suyo le gritaba que aquello seria semejante a la traición. Algo que sin lugar a dudas no aceptaría en su vida.
El honor, el deber y la lealtad eran dones que lo caracterizaban, y no pensaba incumplirlos en ese preciso instante.
Sin embargo, el anciano sonrio de una manera cruel y despiadada. La sonrisa de un hombre que sabia perfectamente que era lo que iba a decir.
—En ese caso, príncipe, el circulo de Alfas se niega el derecho a reconocerlo como líder de nuestra manada—ronroneo el anciano, con un deleite maquiavélico, mientras se regodeaba en la desesperación que comenzaba a aflorar en las facciones de Damino.
El príncipe parpadeo perplejo, sintiendo el debastador impacto de aquellas palabras como si lo estuvieran hiriendo de muerte. Damino amaba a su pueblo, su gente y su corona; la corona que una vez habia sido de su padre y ahora, con mucho orgullo, el la portaba. Pero todos sus sueños, sus deseos y anhelos, ahora pendían de un fino y muy delicado hilo… meciéndose en el viento.
—¿Y quien estará a la altura de tomar mi lugar?—demando el príncipe con la mirada clavada en el anciano. Aunque ya sabia la respuesta a su torturadora pregunta.
—Aegan tomara tu lugar. Despues de todo, el tiene tanta sangre real en sus venas como tu—respondio el anciano, sabiendo perfectamente que sus palabras serian semejantes a disparos con plata para el príncipe.
Y no estaba equivocado. Damino contuvo la respiración con notable dificultad, mientras luchaba por no caer de rodillas ante ese grupo de monstruos crueles y despiadados. Aegan, su hermano, habia sido el primero en traicionarlos al romper el corazón de su padre.
El habia escogido otro camino, lejos de la manada. Desde siempre habia sido el renegado de la familia, sin embargo, desde que descubrió que seria Damino quien portaría la corona, su comportamiento fue de mal en peor, hasta que finalmente decidio emprender su propio camino en busca de lo que mas amaba. Poder.
—Para coronarlo tendrían que encontrarlo primero—escupio Damino con repudio, sintiendo la traición de aquellos hombres desalmados.
—Ya lo encontramos, cerca de Finlandia—dijo otro anciano a su lado con total desden ante la situación, sin un ápice de emoción o sentimiento hacia el príncipe caido.
Las palabras se atascaron en la garganta de Damino, mientras observaba la situación ante sus ojos. Todo era una pesadilla oscura y vil, una pesadilla de la cual parecía no poder escapar. Aquello era, sin lugar a dudas, traición. La traición mas cruel y despiadada posible… pero, aunque a su orgullo le costara admitirlo, no tenia otra opción.
Su corona estaba en juego, su trono peligraba. El odiaba mucho mas a su hermano que a una tonta princesa enemiga. Por eso tomo la decisión.
—Lo voy a hacer, me casare con la princesa—dijo el con tono aspero y cortante—. Pueden hacer que venga cuando se les de la gana.
Abatido por prinunciar aquellas palabras y renunciar finalmente al amor, el príncipe comenzó a darse la vuelta, mientras intentaba alejarse lo mas posible de esa situación. Sin embargo, el anciano al frente de aquel grupo volvió a hablar:
—La princesa ya fue informada sobre su matrimonio y esta en camino—escupio el anciano. Y al notar la sorpresa dibujada en el rostro de Damino aclaro—. Si no se casaba con usted lo iba a hacer con su hermano, quien ya habia aceptado la oferta y esta en camino… como dije una vez, príncipe, nadie es irremplasable.
Damino sostuvo la mirada de aquel hombre despreciablemente cruel durante algunos instantes, antes de simplemente darse media vuleta y marcharse del lugar. Ahora el tiempo corria en su contra. Como mucho tenia un dia… un dia para encontrar a su luna y desposarla, antes de que llegara la princesa y su vida se viera condenada a una existencia sin amor.
Porque, sin lugar a dudas, jamás llegaría a amarla. No lo suficiente como a su luna.
Tres hermosos y caóticos meses habían pasado desde que Helina había llegado a la vida de Jack y Luna, tiempo suficiente para ponerlos de cabeza, pero nada que un niño no haga la vida de sus padres.En el segundo piso, en uno de los cuartos de la casa, Luna se mira al espejo y siente como si estuviese en un sueño. Bernadette le ofreció amablemente su vestido de novia, el que pensó guardar para sus hijas, pero como no las tuvo, las tenía para sus nueras. Sin embargo, Luna se merecía muchísimo más el poder usar una pieza tan majestuosa.—No puedo creer que te casaras con este vestido… ¡Es precioso! —dice la joven emocionada.—¿Verdad que sí? Y tú te ves como una princesa, cuando Jack te vea acercarse a él va a querer morirse.—Pues más le vale que no lo haga, porque si no va a estar en serios problemas —Bernadette y Beverly se ríen de Luna por la cara de ogro que pone.Cada vez los papeles en la pareja se invierten más, el Jack que todos conocimos al inicio se ha ido a alguna parte y sal
A pesar de toda la maldad que habían sufrido por parte de Sabrina, Jack sentía cierta tristeza. Y es que la parte más difícil para él fue tener que ubicar a John y decirle lo que había sucedido. Fue la propia Bernadette quien envió un jet para que lo recogiera y pudiera llevarlo directo hacia Seattle para poder despedirse de su madre.A pesar de lo ocurrido entre ellos en el pasado, Luna no pudo evitar sentir tristeza al ver la desolación del joven. Su madre había tomado malas decisiones en la vida y ahora se había quedado solo.O eso es lo que él creía.En todo momento, Jack estuvo a su lado, muchas veces lo abrazó como un hermano mayor consolando a su hermano menor, pasando una mano por sus hombros y diciéndole que en algún momento ese dolor iba a pasar.Al momento de cremar a Sabrina, Jack fue su fortaleza en todo momento y Luna se sintió orgullosa de su hombre, porque se notaba que había dejado atrás todos los rencores que sentía hacia su hermano.Jason lo invitó a quedarse en la
Para Luna despertarse y ver a Jack a su lado, tomado de su mano, fue el milagro y el alivio más grande que pudo sentir. Su corazón se había fraccionado en miles de pedazos al ver la noticia que lo daba por muerto.Tras pedirle perdón por pedirle el helado, Jack la mandó a la cama y pidieron que llegara un doctor para ver cómo estaba su mujer.A Jack le hicieron estudios para ver el golpe en la cabeza y tras determinar que no tenía nada, lo sacaron de allí discretamente, pero siempre hay alguien que abre la boca, por lo que la noticia de que Jack Gosling no estaba muerto se regó como pólvora por todos lados.A pesar de lo ocurrido, Jack ahora está listo para salir porque debe resolver algunos asuntos en la empresa, con la promesa de cuidarse, así que Luna no le pone muchas objeciones para hacerlo.Lo que Jack no sabe es que el Luna ha solicitado tres vehículos que acompañarán al de Jack hasta la empresa y que cuatro hombres estarán junto a él en todo momento, porque, por supuesto, no d
—¡Ayúdenme! —pide con desesperación Thomas mientras trata de mantener a Luna entre sus brazos para que no caiga al suelo.Los hombres de seguridad llegan para ayudarlo y entre los tres llevan a Luna al sofá. En la sala ya están Elyan y Bernadette totalmente sumidos en la angustia por lo ocurrido, al ver a Luna en esas condiciones, su padre llama a emergencias y corre a su lado.—¿Cómo se enteró? —pregunta acomodando su cabeza.—Vio la televisión, señor —responde el hombre de seguridad—. El señor Gosling salió solo, porque sólo iba a comprar un helado para la señorita, estoy pidiendo ahora todas las cámaras que lo rastreen y saber cómo es que su auto terminó en esas condiciones.—Ante cualquier cosa, arréglenlo con mi esposa, ella se hará cargo de esto.—Sí, s
Último capítulo