Adrian Vance no durmió esa noche.
Ni la siguiente.
Ni ninguna desde que Elena había regresado a su vida como un fantasma que no sabía obedecer al pasado.
La imagen de ella bailando con Alexander lo perseguía sin descanso. Una escena que se repetía en su mente como una tortura cuidadosamente diseñada para él.
La forma en que sonrió. La manera en que lo miró. La indiferencia.
Esa maldita indiferencia.
Porque Elena había llorado por él alguna vez. Había luchado por su matrimonio. Había suplicado q