Valeria brincó la barda que se encontraba justo en el fondo de la mansión, la cual colindaba con un callejón donde se hallaba parqueada una furgoneta negra con vidrios tintados. Lyon la recibió y ella ni siquiera esperó a llegar bien al piso para correr hacia el vehículo, tal como lo habían ensayado tantas veces.
Al llegar, la puerta estaba abierta y George se encontraba al lado esperándola con cara de pocos amigos; pero al ver la expresión de desesperación y agobio de ella, la de él se suavizó. Aquello lo alarmó porque pensó que algo había sucedido y, aunque no se encontraba lejos de la verdad, necesitaba mantenerlo todo controlado para que las cosas no se le salieran de las manos.
Liam ya se encontraba dentro con Malcom Lewis, quien fuera el segundo al mando de George al dejar el trabajo en la mansión.
—Calma —le dijo George antes de que ella saltara a sus brazos con una crisis de llanto—. Nena, debemos irnos ya.
Pero el cuerpo de ella se sacudió con los sollozos y la desesperación