Valeria brincó la barda que se encontraba justo en el fondo de la mansión, la cual colindaba con un callejón donde se hallaba parqueada una furgoneta negra con vidrios tintados. Lyon la recibió y ella ni siquiera esperó a llegar bien al piso para correr hacia el vehículo, tal como lo habían ensayado tantas veces.
Al llegar, la puerta estaba abierta y George se encontraba al lado esperándola con cara de pocos amigos; pero al ver la expresión de desesperación y agobio de ella, la de él se suavizó