Valeria tomó una respiración furiosa, una de esas que se toman cuando la decisión es más importante que cualquier dolor. Con los ojos aguados y el alma en vilo salió de la habitación donde se encontraba su hijo jugando y en la que dejó a su hermano para trasladarse hacia la de sus padres, porque necesitaba enfrentar de una vez por todas la desdicha que lamentablemente le ha tocado vivir. Esa que no solo le dolía en el alma, sino en el corazón también ya que, el dilema que la corroía era más fuerte que su propia voluntad, pero el amor por sus padres, por su familia, hizo que se arriesgara sin siquiera detenerse a pensarlo.
Sacó del bolsillo del vaquero el dispositivo auditivo que le entregó George y el cual había olvidado por completo. Una puerta se cerró y ella giró al instante casi brincando por el susto.
—Señora Violett —Lyon la interceptó. Sus hermosos ojos verdes acariciaron su cuerpo ahora mucho más atlético que antes y a ella la estremeció un escalofrío—. El jefe necesita hablar