La mañana trajo su propia incertidumbre. Elena Montenegro se levantó asustada porque Jorge estaba asfixiándose; palmeó su pecho tal como lo dijo el médico y llamó a su hijo Jeremy para que la ayudara a colocar el oxígeno.
—Vamos papá, mírame por favor, eso es, vamos. Tranquilo —la voz suave y sosegada de Jeremy lo fue tranquilizando poco a poco—. Eso es, viejo, respira suave, poco a poco —masajeó su corazón en el pecho del hombre mientras su madre abría la bombona de oxígeno—. ¡Muy bien pa, lo