El jet privado rompió el manto de nubes que cubría el condado de Westchester exactamente a las 5:40 de la tarde. Desde la ventanilla, Valeria observó cómo las luces de la ciudad de White Plains comenzaban a titilar entre la vegetación, como diamantes arrojados sobre una alfombra de terciopelo verde. El descenso fue suave, pero para ella, cada metro que el avión bajaba se sentía como una caída libre hacia un pasado que juró dejar atrás.
En el interior de la cabina, el silencio era casi absoluto,