Leónid miró a Valeria como si fuera una extraña. Sus palabras de momentos antes lo confundieron a tal punto que no pudo reaccionar.
, pensó mientras retrocedía hacia la puerta del diminuto despacho de su esposa.—Eres la mujer más extraña y e incomprensible que he conocido en mi vida —ni siquiera reconoció sus propias palabras —. De verdad quiero entenderte, pero tú no colaboras en nada.Se sorprendió a sí mismo contemplando la posibilidad de