Leónid Volkov se quedó petrificado al verla, convertido en una estatua de esmoquin en medio del bullicio de las personas alrededor. El vaso de cristal en su mano comenzó a vibrar de forma casi imperceptible, haciendo que el hielo tintineara contra las paredes de vidrio, un eco metálico que solo él parecía escuchar. Sus ojos azules, usualmente gélidos y calculadores, estuvieron fijos en la mujer que descendía la escalinata. Lilian a su lado aplaudía con emoción al ver a la que consideraba su men