Anya entró al club con la confianza de una mujer de mundo. Su socio (o, empleado de mucha confianza), la esperaba en la barra con expresión ansiosa. Todo a su alrededor era lujo y pomposidad igual que su vestimenta. Anya era la mezcla perfecta entre elegancia y sensualidad. Ella había construido este club con su propio cuerpo. Cuando solo era una mujer trabajadora que ejercía el oficio más antiguo de la historia: la prostitución.
Logró salir de ese mundo tan corriente para entrar en otro que er