—No tengo intenciones de ir a ninguna parte Anya, ya sabes que no soy asiduo a esos eventos a menos que me mueva algún interés particular —expuso sin siquiera mirar a la mujer ataviada con un vestido color lila y sandalias a juego.
Sus labios pintados de rosa era el color favorito de Leónid. Un tono pálido que representaba la pureza de la mujer, aunque reconocía perfectamente que Anya era una arpía que solo le gustaba el dinero y la comodidad que él mismo le había dado en un momento de su vida.