Finalmente, llegaron a Salerno tras un viaje de tres días que se le hizo eterno a Valeria. La villa de George no era un palacio lujoso que llamara la atención; era una casa de piedra antigua, incrustada en un acantilado, rodeada de limoneros y con una vista infinita al mar. Por fuera parecía el refugio de un jubilado, pero por dentro era una fortaleza tecnológica.
—¿Qué es este lugar, mamá? —pregunta Liam con una vocecita que entristeció a Valeria.
—Liam, esta será nuestra casa por un tiempo —di