Capítulo 94
—Sí. Me quedaría inmóvil, como una momia, durante el resto de la noche y rezaría para que sirvieran el desayuno al alba. Eres una mujer muy cruel, Sofía Espinoza.

— ¿Te consolaría si te confesara que mi crueldad me duele tanto como a ti? —Sofía sonrió en la oscuridad.

— ¿Qué quieres decir?

—Para ser honesta, me gustaría... me gustaría mucho que me hicieras el amor. Pero necesito comprender tus motivos. ¿Es un simple deseo? ¿O hablas en serio cuando afirmas que quieres que Gabriel y yo vivamos contigo?

Hubo una larga pausa, cargada de significado. Vicente se aclaró la garganta.

—Sofía, ¡Por supuesto que hablo en serio!, tienes que creerme. — suspiró con impaciencia y le dijo— Me las arreglaría para quedarme quieto si creyera que soy el único que sufre la tortura del deseo. Pero como has dicho que nos estás condenando, a ti y a mí, a la frustración, me vuelvo al sofá.

Vicente cogió una manta que estaba en el suelo antes de volver a tumbarse en el sofá. Sofía luchó contra emociones
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