—¡Te ves hermosa! —gritó Marta, y las dos la abrazaron al mismo tiempo.
Miró a Vicente y él solo se encogió de hombros mientras se alejaba, para saludar a Ernesto y a Francisco. Los traviesos hijos de Ernesto salieron corriendo hacia el Jardín.
—¿Vinieron juntos? —preguntó Sofía frunciendo el entrecejo.
—Vicente nos dio el número de su casa. Ernesto y yo los llamamos para pasar a recogerlos, ya que veníamos en la misma dirección. ¡Francisco es tan gracioso! Ernesto y yo veníamos llorando de la