Sofía se sentó a beber el café, y entonces Vicente entró en el cuarto hecho una furia.
— ¿Qué le ha pasado al coche? —preguntó Sofía, levantándose para servirle una taza de café.
—El árbol ha hundido parte del techo —respondió con amargura—. Me va a costar una fortuna repararlo.
— ¿Ese daño no lo cubre el seguro?
—No lo creo. Esta clase de accidentes están considerados como “actos de la voluntad divina”, según la opinión de las compañías de seguros.
Sofía consultó su reloj.
— ¿Eso signific