Sofía, a su lado de la cama de hospital, sosteniendo su mano, estaba muy preocupada porque Marina tenía los ojos hundidos y sudorosa deliraba.
—¡Marina, por favor no hables…!
—¡No, necesito hablar!... cuida a mi hijo… perdóname por haberte dicho que no lo quería…
—¡Eso no importa! Solo estabas asustada…—dijo Sofía, angustiada.
—Quiero que… seas su madre.
Sofía empezó a llorar porque no deseaba que se despidiera y le exclamó.
—¡Tú lo vas a criar y vas a ser su madre!
—¡Promételo!... por fa