Sofía se encontraba en la cocina moviendo con una cuchara grande su estofado de res, y se sonrío, por el exquisito aroma, no lo podía negar, se consideraba una buena cocinera. De repente escuchó las llaves de la puerta y pensó que era su amiga Marta, pero escuchó a su espalda la voz entusiasta y gruesa de Francisco que le exclamó.
—¡Te juro, que iba subiendo las escaleras hacia mi hogar, cuando mi olfato fue invadido, por el olor de tu sabroso estofado! — dijo acercándose a ver el estofado, cua