Giros de la realidad.
Sebastián llegó a su departamento cargado de una frustración insufrible. Necesitaba ver a Valeria, encararla o simplemente fingir que todo volvía a la normalidad para acallar la culpa que le devoraba las entrañas. Sin embargo, al constatar que el lugar estaba completamente vacío, sacó su teléfono y marcó su número con impaciencia.
A kilómetros de ahí, la realidad era muy diferente. Valeria yacía sentada en la barra de un exclusivo bar de la zona alta, sosteniendo una copa con elegancia. Al ve