El peso de la ilusión.
A la mañana siguiente, Kateryn salió de su habitación arrastrando su equipaje. El cansancio le pesaba en los huesos, pero la urgencia de volver a su ciudad natal la hacía avanzar. En un descuido, su bolso resbaló sobre la maleta y un brillo labial rodó por el suelo alfombrado. Antes de agacharse, una silueta alta se interpuso en su camino.
Era Alexander. Con caballerosidad, levantó el objeto y se lo extendió junto a una sonrisa tensa que no llegaba a reflejarse en sus ojos miel. Kateryn sinti