POV: Catalina
La carpeta de cuero color coñac seguía en mi regazo, inmóvil, pesada. No era un peso físico, aunque las páginas de su interior sumaban cientos de gramos de papel y tinta. Era un peso gravitacional. Pesaba como un pecado mortal recién confesado pero aún no absuelto.
Mariam Al-Rasheed me observaba desde su diván elevado. El humo de su cigarrillo delgado ascendía en espirales perezosas hacia el techo artesonado, creando una cortina gris y difusa entre nosotras. Una frontera invisible