El apartamento en el Eixample no tenía vistas al Golfo Pérsico.
Tenía vistas a un patio de manzana interior, donde una vecina tendía sábanas blancas y un gato naranja dormía al sol sobre un tejado de zinc.
Dante Moreno dejó la última caja de libros sobre el suelo de madera.
Se secó el sudor de la frente con el antebrazo.
—Eso es todo —dijo, mirando la montaña de cartón que llenaba el salón vacío—. Mi vida entera en veinte cajas.
Catalina entró desde la cocina pequeña. Llevaba dos copas de vino