POV: Catalina
El teléfono descansaba sobre la mesa de centro de la suite, un objeto negro y brillante que parecía contener una bomba nuclear.
Marqué el número de Khalid.
Mis manos no temblaban. Estaban quietas, muertas, frías como las de un cirujano lavándose antes de abrir un pecho para extirpar un tumor.
Sera, Layla, Vivienne y Zara me observaban desde el sofá de terciopelo. Eran mi audiencia muda, mi jurado y mis testigos.
Sera se inclinó hacia adelante, su ojo morado cubierto por maquillaje