POV: Catalina
El teléfono descansaba sobre la mesa de centro de la suite, un objeto negro y brillante que parecía contener una bomba nuclear.
Marqué el número de Khalid.
Mis manos no temblaban. Estaban quietas, muertas, frías como las de un cirujano lavándose antes de abrir un pecho para extirpar un tumor.
Sera, Layla, Vivienne y Zara me observaban desde el sofá de terciopelo. Eran mi audiencia muda, mi jurado y mis testigos.
Sera se inclinó hacia adelante, su ojo morado cubierto por maquillaje correctivo, pero su intensidad intacta.
—Recuerda —susurró, como una directora de escena antes de que se levante el telón—. Eres débil. Tienes miedo. Lo necesitas. No eres la mujer que escapó de la isla. Eres la niña que tiene miedo de la oscuridad.
Asentí, cerrando los ojos un segundo para invocar a esa versión antigua de mí misma. La Catalina que pedía perdón por respirar.
Presioné llamar.
Tuu... Tuu...
El tono de llamada resonó en la habitación silenciosa.
—¿Catalina?
La voz de Khalid sonó s