POV: Catalina
La carpeta de cuero color coñac pesaba en mi regazo como una lápida. Su olor a curtido fino, a dinero viejo y a secretos encerrados, se mezclaba con el aire frío que bombeaba el aire acondicionado de la suite de Mariam.
Estaba sentada en el Majlis del Palacio Azul. El silencio zumbaba suavemente, pero yo sentía un calor sofocante en el pecho, el calor de la paranoia.
Mariam Al-Rasheed acababa de entregarme las pruebas definitivas para destruir a su único hijo.
La miré, buscando el doblez, la trampa.
¿Es esto una prueba de lealtad?, pensé. ¿Si abro la carpeta, aparecerán los guardias de Khalid para detenerme por conspiración? ¿Es su último acto de control sobre mí, darme la ilusión de poder?
—No es una trampa, Catalina —dijo Mariam, leyendo mi miedo con esa precisión aterradora que la hacía tan temible—. Ábrela. No queda nada en esa habitación que pueda hacerte daño. Solo quedan verdades.
Obedecí.
Mis dedos, fríos por el aire gélido, pasaron las páginas amarillentas. El p