POV: CatalinaEl salón de baile del hotel Atlantis olía a dinero antiguo y desesperación nueva. Era un olor pesado, casi pegajoso, una mezcla de perfumes caros y ambiciones sudorosas. El tipo de aroma que solo existe en lugares donde la gente pretende que nada puede tocarles, aunque la ruina les respire en la nuca.Cientos de flashes estallaron a la vez.Una tormenta eléctrica artificial.Cerré los ojos por un microsegundo, intentando que mi cerebro no se sobrecargara con la luz, el sonido, el bullicio.—Sonríe, Catalina —susurró Khalid en mi oído.Su aliento rozó mi lóbulo. Caliente. Húmedo. Propietario.No era una petición. Era una orden disfrazada de intimidad.Su mano descansaba en la curva de mi cintura. Para las cámaras, era un gesto protector, un gesto de amor. Pero para mí, era un cepo de hierro. Sus dedos presionaban mi piel a través del Valentino rojo, como si necesitara recordarme constantemente que yo no era una mujer: era un objeto bajo su dominio.—Siempre sonrío, habib
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