POV: Catalina
La entrada de servicio del sótano estaba a solo diez metros.
Podía ver el panel de control parpadeando en la oscuridad.
Dante me apretaba la mano. Corría a mi lado, cojeando, respirando con dificultad.
—¡Ya casi estamos! —jadeó.
Pero entonces, las luces de emergencia del pasillo se encendieron de golpe.
Un resplandor rojo, intermitente, que nos cegó.
Y una voz.
—Alto.
No fue un grito. Fue una orden dicha con la calma de un psicópata.
Nos detuvimos en seco.
Al final del pasillo, bl