POV: Dante
El mar estaba negro como la tinta.
La lancha rápida Zodiac cortaba las olas sin luces de navegación. El único sonido era el ronroneo bajo de los motores de grado militar, diseñados para ser invisibles al oído y al radar.
Dante Moreno se agarró a la cuerda de seguridad.
El agua salada le golpeaba la cara, escociendo en su labio partido y en los cortes de sus nudillos. Sus costillas, vendadas bajo un chaleco táctico que Sera le había obligado a ponerse, le gritaban con cada salto de la lancha.
Pero el dolor era irrelevante.
A su lado, Nikolai Volkov revisaba el cargador de una pistola automática con la calma de quien revisa la hora.
—Treinta segundos para el contacto —dijo el ruso. Su voz era grave, apenas un susurro sobre el viento.
Dante miró hacia adelante.
La silueta de la isla "Groenlandia" se recortaba contra el cielo estrellado.
No parecía un paraíso. Parecía una fortaleza oscura.
—Recuerda el trato, periodista —dijo Volkov, enfundando el arma—. Tú vas a por la chica.