POV: Catalina
El estruendo del disparo me dejó sorda por un segundo.
Un zumbido agudo llenó mis oídos.
Esperé el dolor. Esperé la oscuridad. Esperé sentir la sangre caliente bajando por mi frente.
Pero no sentí nada.
Abrí los ojos.
Una nube de polvo de hormigón flotaba en el aire, justo al lado de la cabeza de Dante. La bala había impactado en la pared, a cinco centímetros de su oreja.
Khalid se reía.
Era una risa histérica, aguda, que no encajaba con el hombre que llevaba el arma.
—Fallé —dijo, bajando la pistola—. Qué torpeza.
Me miró. Sus ojos brillaban con una fiebre loca.
—La próxima no fallaré, Catalina. A menos que te levantes. Ahora.
Se acercó un paso.
—El helicóptero volverá —dijo, hablando muy rápido, como si intentara convencerse a sí mismo—. Vieron las luces. Volverán. Tienen que volver. Les pago demasiado para que me dejen tirado.
Me señaló con el cañón del arma.
—Y tú vas a subir conmigo.
Dante intentó moverse, pero Khalid giró el arma hacia él con una velocidad aterrado