49. Casi un loco
Lo primero qué hace Gerardo al pobre Amado es sostenerlo del cuello, sin tanta presión. Con sus ojos abiertos, es más bastante obvio que está afectado por sus palabras.
—Repite lo qué dijiste —Gerardo ordena en voz calmada. Sin embargo, por dentro es una llama encendida.
Amado alza sus manos, confundido por la reacción de Gerardo.
—Una mujer estaba con usted anoche, Don Gerardo —repite Amado.
—¿Cómo era?
—No logré verla por la lluvia. La fuerte tormenta no dejó que lograra verla. Estaba de espa