48. Cegada por el dolor
—¿Señorita Ximena? —Gertrudis salta de inmediato hacia Altagracia cuando la escucha sollozar—, ¿Quiere un poco de agua?
—Olvida eso. Estoy bien —Altagracia no quiere que Gertrudis la toque, por lo que se aleja, ocultando su rostro hacia otro lado para que Gertrudis no tenga la oportunidad de ver sus lágrimas—, eso es imposible.
—Tampoco quiero creerlo, señorita. Pero mi búsqueda me llevó a eso. A ese cementerio…
—¿Dónde está ese cementerio? ¿Dónde están esas personas? —asegurándose que no quede