149. Un amor soñado
Altagracia creyó que sería una buena idea hacerle una pequeña broma inocente a su marido. Y como lo había sospechado, si funcionó.
Al ver la palidez de Gerardo cuando él le devuelve la mirada, Altagracia no evita echarse a reír un poco.
Altagracia le sonríe a su abuela mientras se acerca al altar. Es una hermosa imagen ahora porque la última vez fue ella quien la llevó al altar. No Roberto por las indiferencias. Ahora con el beneficio del perdón, es un sueño hecho realidad. Altagracia logra fi