29. Mira detrás de ti
—No sé lo que usted está diciendo —Altagracia vuelve a dar otro paso hacia atrás, convencida de que lo que escuchó fue sólo producto de su imaginación—, debe estar confundida.
—Tendrás tus motivos para no decir la verdad, pero yo quiero oírlas, hija —la señora Aleida agarra sus manos. La familiaridad del contacto es tal que Altagracia siente unas grandes ganas de llorar—, sólo necesité verte —unos dedos cariñosos acarician la mejilla de Altagracia—, para darme cuenta que eres tú, Altagracia. No