28. Labios exquisitos
—¿¡Cómo que otro hombre adoptó al niño?! ¿¡Acaso no repetí una y otra vez que quería que Matías llevara mi apellido?! —Gerardo explota de la rabia. Sin embargo, al darse cuenta qué Sergio está presente agarra una fuerte respiración—, quiero al niño de vuelta.
—Lo lamento mucho, señor Montesinos. Pero necesito qué se calme ahora. Haremos todo lo posible para qué éste malentendido se arregle, y, y —Imelda une sus manos, demostrando un enorme pesar—, le explicaremos al señor Montesinos, bueno, a