Capítulo Ocho

Apenas el coche de Bastián se detuvo frente a la casa, Veni bajó con pasos lentos, sosteniéndose el vientre con una expresión de agotamiento fingido. Detrás de ella, Bastián descendió también, ayudándola con cuidado, mientras doña Maia cargaba una pequeña bolsa y una botella de agua.

Nada más abrirse la puerta de la casa, Nara apareció desde la sala, apoyando su cuerpo en el marco con los brazos cruzados.

—Oh… así que regresaron. Al final no perdiste al bebé, ¿eh? —dijo Nara con sarcasmo—. Vaya
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