Danae
El resto del día en la oficina se desenvolvió con una calma engañosa. Después de la visita de Isabella, había esperado miradas, comentarios o incluso tensión con Kael, pero nada de eso sucedió. Nos movimos entre papeles, contratos y llamadas con la misma profesionalidad con la que siempre lo hacíamos. Como si su visita no hubiera dejado huella.
Yo misma me obligué a mantener esa máscara. Revisé los documentos que llegaban, respondí correos, organicé agendas. Cada vez que levantaba la vist