La lluvia caía con fuerza contra los ventanales, un murmullo constante que llenaba cada rincón de la casa. Afuera, el mar rugía bajo el cielo gris, y las gotas resbalaban por los cristales como si el mundo entero llorara algo que yo aún no entendía.
Kael estaba de pie, junto a la ventana, con una copa en la mano y la mirada fija en algún punto lejano. La luz tenue de las lámparas apenas alcanzaba para dibujar su silueta, la línea de sus hombros tensos, el perfil que me parecía a veces tan famil