Hana suspiró, intentando mantener en pie su valentía antes de entrar en aquella casa. Habían dado una larga caminata para llegar hasta allí y no arruinaría una posible buena oportunidad porque estaba nerviosa. Adrien tomó su mano y entrelazó sus dedos, queriendo transmitirle la confianza necesaria en ese momento. La Omega le dedicó una pequeña sonrisa de agradecimiento; al menos, no se sentía desprotegida o expuesta. Le preocupaba que en cualquier lugar las arpías de los Bell podrían estar obse