—¿A dónde se supone que vas, Adrien DuPont? —le cuestionaba un cansado Gabriel al Alfa. El menor de los hermanos había estado una noche entera atendiendo a Camila, quien parecía vomitar todo lo que comía; esto sin nombrar que cualquier aroma le provocaba náuseas. Un pequeño embrión era el causante de su falta de sueño. ¡Sonaba ridículo hasta en sus pensamientos! —Yo no sé nada, déjame ir.
—Cállate y sígueme, tengo que conseguir estas cosas. —y, como si Gabriel estuviese ciego, colocó un papel f