Por si fuera poco, su lobo gruñía enfadado, provocando que el impulso de volver a la cabaña le invadiera. Su lobo Alfa expresaba su desacuerdo con furor, deseando estar junto a la Omega nuevamente.
No obstante, Adrien no cedería. No volvería hasta haber aclarado cada uno de sus pensamientos.
Por su parte, dentro de la cabaña, Hana pudo sentir sus ojos picar tan pronto como pequeñas lágrimas cristalizaron sus ojos. La Omega se recostó una vez más en la cama, observando fijamente el paisaje nevad