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La Omega no objetó nada, siguiendo al pálido fuera de la habitación. A esas horas de la mañana la mayoría del personal se encontraba durmiendo o alistándose en sus respectivas habitaciones, por lo que aparte del usual silencio, la mansión se veía desolada.

Al entrar al comedor Adrien repentinamente tomó su brazo, ejerciendo una suave presión sin intensiones de hacerle daño. Hana no lo entendía, pero, no obstante, no hizo nada por quitar la mano del Alfa. Su toque la había asustado, pero no tant
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