—¡No me importan tus amenazas! —exclamó, quitando con brusquedad la mano de Jackson, tragando en seco apenas vio esos ojos café observarla con ira e indignación.
—Tú me amas.
—¡No me hagas reír! —Camila se levantó de la cama, lo suficientemente molesta como para sorprender al Alfa. —¿Crees que puedo seguir amando a alguien que me golpea? ¿Puedo amar a alguien que colaboró en el asesinato de mi padre?
—¡Lo hice por tu bien, él quería separarnos!
—¡Y deseo que lo hubiese hecho!
—¿Qué está pasando