Hana se sentó en una de las esquinas de la pared en un vago intento por refugiarse, asustado al igual que su loba. Ambas siendo presa fácil del miedo.
La Omega abrazó sus piernas necesitando protegerse de manera urgente, estaba alerta ante cualquier sonido que pudiera aparecer y que perturbara el silencio que arropaba la atmósfera del lugar.
Inconscientemente emitió un pequeño chillido imperceptible, un chillido que sólo una Omega que se sentía en completo peligro podía hacer.
Lamentablemente H