—Muchas gracias por venir el día de hoy, mi señor. —Todos los que estaban allí presentes hicieron una reverencia, demostrando respeto y un gran agradecimiento hacia Adrien. —¿Desean algo de tomar? —Preguntó el hombre, dirigiéndose también a la Omega que permanecía cabizbaja al lado del Alfa de tez pálida, dando la impresión de que se sostenía del brazo de él para no caer.
Adrien miró a Hana para después suspirar. —No, gracias. Necesitamos un lugar para descansar, mi Omega está agotada.
—Por sup