Hana negó lentamente con su cabeza.
—No es verdad, él está mintiendo —decía—. Adrien, dile que deje de mentir. No es divertido, no bromeen con eso.
—Nadie está bromeando —aseguró el médico.
—Señor Han, agradezco sus servicios, pero debo hablar en privado con mi pareja. ¿Podría esperar abajo? —Adrien le pidió, viendo al hombre asentir.
Apenas el médico salió de la habitación y les permitió estar a solas, el Alfa se dispuso a hablar con Hana. Ella se encontraba petrificada, su respiración temblor