Capítulo 49. Una loba blanca
Unos ojos rojos se giraron a verla y entre los pliegues de los labios de aquel hombre había sangre... ¡Su sangre!
De pronto un mareo comenzó a apoderarse de ella, Nero la tenía entre sus brazos, pero él no parecía ser Nero, ese era Raí.
Una sonrisa se dibujó en el rostro del hombre. No era una llena de maldad ni de ganas de hacerle daño, era una que reflejaba amabilidad y alegría, algo que ella no entendía porque ahora se sentía mal.
Su cuerpo comenzaba a hervir como si tuviese la fiebre al top